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03 NOVIEMBRE

HISTORIAS INSPIRADORAS

Cría pollos de hasta 7 kilos, corderos y vacas, siembra, hace caminos y estudia un negocio nuevo cada enero: “No quiero dejar un legado que sea una tortura”

Cría pollos de hasta 7 kilos, corderos y vacas, siembra, hace caminos y estudia un negocio nuevo cada enero: “No quiero dejar un legado que sea una tortura”

Alfredo Alzueta es productor agropecuario en Bolívar (Argentina) y fue destacado por Aapresid; junto a su esposa, María, desarrolla cinco unidades de negocio y cada año estudia nuevos proyectos para seguir creciendo



La diversificación es una de las claves del crecimiento de Alfredo Alzueta, un productor agropecuario de Bolívar que encontró en la combinación de distintas actividades una estrategia para ampliar su empresa familiar. Su historia fue compartida por la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), que lo presentó como uno de sus socios destacados por su apuesta a desarrollar nuevos negocios.

Desde hace 26 años trabaja y vive en La Campiña, el campo que compró junto a su esposa María. Allí combinan ganadería vacuna y ovina, producción aviar, agricultura y, más recientemente, servicios viales. Pero la lista no termina ahí: entre sus próximos proyectos aparece la construcción de un hotel asistido para 40 personas.

Actualmente, son 11 las personas que trabajan en las distintas unidades de negocio de la empresa, con un promedio de edad de 41 años, incluido Alfredo.

Un campo con cinco unidades de negocio: carne, cultivos y servicios

La principal actividad de La Campiña es la producción de carne vacuna, bajo un sistema netamente pastoril que incluye una etapa de terminación a corral. La producción se destina al mercado interno, aunque también realizan exportaciones. La segunda unidad de negocio está vinculada con la carne ovina. Tienen una majada de ovejas Hampshire Down y compran corderos chicos a tambos ovinos para recriarlos y terminarlos a corral. En total, producen alrededor de 500 corderos por año.

A esto se suma la producción aviar, con un pollo de campo que se diferencia por su tamaño: alcanza entre 4 y 7 kilos al momento de la faena. El establecimiento cuenta con una sala propia donde procesan tanto corderos como pollos, y desde allí comercializan carne fresca en distintos centros de consumo de la región.

Portón de campo de madera con el cartel "LA CAMPIÑA", sobre un camino de tierra que atraviesa un campo con árboles y maquinaria al fondo.

La agricultura, por su parte, se desarrolla tanto en campos propios como de terceros. Sin embargo, este año incorporaron una actividad que se aleja de la producción tradicional: los servicios viales. La empresa cuenta con retroexcavadoras y una pala, y tiene previsto sumar una motoniveladora.

El objetivo es ofrecer servicios a terceros, especialmente a establecimientos que necesitan recuperar caminos e infraestructura para mejorar las condiciones de producción ganadera. También buscan trabajar en sus propios campos y presentarse a licitaciones.

Estudiar un negocio nuevo cada año: la estrategia para diversificar

Detrás de esta estructura hay una metodología que Alfredo y María sostienen desde hace años. Ambos son licenciados en Administración Agraria y, desde el comienzo, dividieron las responsabilidades: ella se ocupa de la administración y la gestión, mientras que él está al frente de la producción y la comercialización.

Cada enero, después de las fiestas y antes de tomarse vacaciones, reservan los primeros diez días del año para analizar los resultados de cada unidad de negocio y estudiar nuevas alternativas.

“En vez de hacer un posgrado o un curso, siempre estamos atentos a otras unidades y estudiamos otros negocios”, cuenta Alfredo.

Algunos proyectos se concretan y otros quedan guardados hasta que aparece el momento indicado. El caso de los servicios viales es un ejemplo: la idea llevaba cerca de 30 años esperando su oportunidad.

La decisión llegó cuando estaban evaluando comprar una cosechadora y volvieron a poner sobre la mesa los riesgos de depender cada vez más de la agricultura. “Me dije: ‘Otro año Niño y seguimos agregando riesgos y esfuerzos sobre la agricultura’; sembramos en barro, cosechamos en barro, vivimos encajados”, recuerda. Entonces recuperaron aquella carpeta, actualizaron los costos y la tecnología necesaria y pusieron en marcha el proyecto.

Para Alzueta, diversificar no significa necesariamente buscar negocios de altísima rentabilidad, sino encontrar actividades que puedan sostener resultados positivos y compensar los períodos difíciles.

“Siempre estudiamos en profundidad cada negocio. Sabemos que en Argentina no hay negocios que te permitan altísima rentabilidad, pero buscamos unidades que nos arrojen un resultado positivo”, explica.

La estrategia también tiene una relación directa con el clima. Frente a las sequías, inundaciones y otros eventos que afectan a la producción agrícola y ganadera, contar con actividades menos expuestas permite amortiguar el impacto de una mala campaña.

Una empresa familiar con proyectos para las próximas generaciones

La continuidad de la empresa también forma parte de las decisiones de Alfredo. Es la cuarta generación de productores agropecuarios de su familia y sus tres hijos representan la quinta. Aunque no trabajan full-time en el establecimiento, todos participan de alguna manera y cumplen una función. “Hoy todo se discute y analiza en conjunto. Quiero continuidad y no dejar un legado que sea una tortura para ellos”, sostiene.

Entre las iniciativas que todavía esperan su oportunidad aparece la generación y venta de energía solar. El proyecto ya fue estudiado, pero decidieron postergarlo hasta contar con un marco normativo que les brinde mayor previsibilidad.

Otra propuesta, en cambio, está más avanzada y representa una apuesta que va más allá de las actividades agropecuarias. Se trata de Nueva Vida, un hotel asistido para 40 personas que proyectan construir en cuatro hectáreas del campo, en un entorno vinculado con la naturaleza y el aire libre.

“Soy exageradamente ansioso, tengo 63 años y quiero ver las cosas concretadas. El almanaque me apura, pero lo trabajo mucho con mi psicólogo”, reconoce entre risas.

La actividad productiva convive con otra faceta importante de Alfredo: la participación institucional. Como presidente de la Regional Bolívar de Aapresid, impulsa el trabajo conjunto entre organizaciones de la zona. La regional está integrada no solo por productores, sino también por instituciones como la Sociedad Rural y el INTA de Bolívar, con el que firmaron un convenio para desarrollar actividades en conjunto.

La ganadería ocupa un lugar central en la agenda local. El partido de Bolívar tiene alrededor de 500.000 hectáreas, de las cuales aproximadamente la mitad se destina a la agricultura y la otra mitad a la actividad ganadera.

Sin embargo, uno de los temas que más lo moviliza es la participación de los jóvenes. Desde la Regional y la Sociedad Rural buscan acercarlos a los espacios institucionales y darles protagonismo. “Nuestro ATR tiene 30 años, nuestra vicepresidenta, 32; y tenemos un gran grupo de miembros más grandes que seguimos participando, aunque podríamos estar más en un rol consultivo”, cuenta.

Para Alfredo, las nuevas generaciones necesitan espacio para desarrollar sus propias ideas y tomar decisiones. “Podemos ser buenos consejeros hasta un cierto punto porque los jóvenes tienen una visión y una capacidad de resolución diferente a la nuestra”, plantea.

Y agrega: “Para mí lo que los jóvenes necesitan es algo que pocos empleadores dan y que no pasa por lo económico, que obviamente es importante y necesario: pero principalmente pasa por el tiempo que les dedicamos”.

En el plano personal, Alfredo está casado con María hace 37 años, es padre de tres hijos y abuelo de Benicio, de tres años, quien ya demuestra interés por el campo.

“Es un enamorado del campo, se sube a los tractores con nosotros, tiene sus maquinarias y motosierras de juguete, y si me ve llegar con una sembradora, me pregunta: ‘Abuelo, ¿de qué campo venís de sembrar?’”.

María, además de trabajar en la empresa familiar, es cantante de folklore. Juntos también encontraron otra pasión: el tango. Hasta la pandemia participaban de un club donde compartían clases con otros profesionales vinculados al agro. “Podíamos estar en plena sequía o inundación, que en las clases nunca se habló de campo; solo tango”, recuerda.

Publicado: 03 de noviembre de 2026

Fuente: News Agrofy

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