En las últimas décadas, el manejo agrícola convencional, tanto a nivel global como en Argentina, ha adoptado un enfoque de explotación intensiva del suelo para satisfacer las demandas de producción alimentaria. Las prácticas agrícolas tradicionales, como el monocultivo, la rotación mínima de cultivos, el uso excesivo de fitosanitarios y la labranza intensiva, han provocado la degradación del suelo, lo que afecta negativamente el ciclo de nutrientes, la captura de carbono, la biodiversidad y la retención de agua. Esto ha implicado una constante extracción de nutrientes, la aplicación de insumos de diversos orígenes y una reposición de materia orgánica que no siempre resulta eficiente. Estos factores están afectando tanto la fertilidad natural del suelo como su diversidad microbiana, además de dificultar el uso eficiente de los recursos, tanto naturales como suministrados, lo que podría poner en riesgo la productividad, la viabilidad económica y la sostenibilidad de los sistemas agrícolas.
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Publicado: 22 de octubre de 2026
Fuente: INTA