En algunos supermercados brasileños, ya es posible comprar un nuevo frijol común genéticamente modificado (GM), que lleva el etiquetado GM correspondiente según lo exigen las regulaciones locales.
Nada de este evento sería noticia, considerando que Brasil es la segunda potencia mundial en la producción de cultivos transgénicos después de Estados Unidos y ha visto sus tiendas llenas de productos con etiquetas transgénicas. Sin embargo, este nuevo frijol no es otro de los muchos granos de soja y maíz transgénicos típicamente creados por empresas norteamericanas, sino más bien un cultivo 100 % desarrollado localmente por científicos de una empresa estatal en el gigante amazónico.
El viaje de este nuevo frijol biotecnológico para llegar a los mercados brasileños fue largo y no estuvo exento de obstáculos. Comenzó en la búsqueda de una solución al problemático virus del mosaico dorado del frijol (BGMV) que puede acabar con más de la mitad de las plantas de frijol de un agricultor. Este patógeno es transmitido por la mosca blanca y provoca pérdidas estimadas en 300.000 toneladas anuales, suficientes para alimentar a 15 millones de personas.
“El BGMV es un problema grave en los tomates, la soja y otras plantas, pero en los frijoles también es transmitido por moscas blancas de manera persistente. Cuando el insecto ya adquiere el virus, comienza a transmitirlo a lo largo de su vida ”, dice Francisco Aragão, investigador senior de la Corporación Brasileña de Investigación Agrícola (EMBRAPA) y cocreador del nuevo frijol transgénico brasileño. “Por eso es difícil desarrollar una estrategia de resistencia y también se sabe que si solo tienes una mosca blanca por planta, ya puedes tener el 100% de infección”.
Antes del nuevo frijol transgénico, los únicos métodos de control de BGMV eran el manejo cultural, el control biológico y el uso de pesticidas para controlar al virus hospedador -la mosca blanca- con escasos resultados. “La aplicación promedio [de pesticidas] en una temporada es 10 veces, pero hay productores que aplican 20 veces o más. Incluso con esas aplicaciones, es posible perderlo todo en algunas ocasiones. Y si hay soja cerca, será muy difícil controlar la población de mosca blanca en sus frijoles”, dice Aragao.
“Los precios de los insecticidas son muy caros y para los pequeños agricultores es difícil tener que usarlos tantas veces. En Brasil tenemos un área muy grande -unos 1.2 millones de acres- donde no se recomienda plantar frijol por la gran probabilidad de pérdida”.
Desde la década de 1960, los investigadores de EMBRAPA han buscado cultivares de frijol con resistencia natural al BGMV en las Américas, pero los resultados no fueron satisfactorios. Una vez que se identificaron solo cultivares con resistencia parcial y no adaptados a las condiciones brasileñas, EMBRAPA decidió invertir en biotecnología moderna y OGM.
“Esto empezó en la década de los 90 cuando empezamos a intentar, por un lado, transformar el frijol, que sigue siendo una de las plantas más difíciles de transformar genéticamente, y por otro, estudiar el virus y desarrollar estrategias para obtener resistentes plantas ”, relata Aragao. Junto a su colega, Josias Faria, probaron algunas estrategias biotecnológicas como el ARN antisentido -expresión de la hebra de ARN complementario de un gen- y la transdominancia letal -expresión de una proteína mutada fundamental para la replicación del virus-, lamentablemente sin resultados o solo resistencia parcial.
"Con la tecnología de interferencia de ARN , comenzamos a principios de la década de 2000", dice Aragao sobre el ARNi, un mecanismo de defensa natural en las plantas que "silencia los genes", pero que aún no se entendía completamente en ese entonces. A pesar de esto, en los años 90 ya había tenido éxito con la papaya hawaiana, donde la modificación genética a través del ARN interferente salvaría a los agricultores de la isla del virus de la mancha anular de la papaya.
¿Como funciona? Probablemente haya leído o visto mucho en los titulares del último año sobre las vacunas de ARN para COVID-19. En este caso, el mecanismo de modificación con el ARN interferente no es muy diferente y, literalmente, funciona como una "vacuna" para los cultivos. Los científicos insertaron un fragmento de ADN del virus en el genoma nuclear de la planta, con el objetivo de que produzca pequeñas moléculas de ARN bicatenario -conocidas como ARN pequeño interferente o ARNip- que silencian el gen rep viral , un gen clave para la ciclo de replicación del virus. Como consecuencia, el virus no puede expresar este gen, su replicación viral se interrumpe y las plantas se vuelven resistentes al virus. En términos simples, obtienes una planta “vacunada” contra BGMV.
Entonces, en el futuro, no solo nos protegeremos de las pandemias con vacunas de ARN, nuestra comida también puede protegerse de virus mortales con esta tecnología.
Cabe señalar que este método de "silenciamiento de genes" es un mecanismo natural de la planta. Una planta de frijol normal que está infectada generará ARNip más tarde, pero no en condiciones o niveles para hacer frente al patógeno. Con la ingeniería genética, los científicos anticipan y adaptan este sistema natural para que se active en el momento en que el virus ingrese a la planta y se defienda de manera efectiva.
“Algo que observamos es que las moscas adquieren el virus de las plantas, pero el virus no se replica en la mosca, sino en las plantas… y así las moscas adquieren cada vez más virus”, agrega Aragao. “También observamos que cuando se colocan moscas virulíferas en plantas modificadas, la carga viral disminuye en la mosca, ya que libera el virus y no tiene lugar para absorber más”.
“Es interesante y observamos que lo mismo ocurre con las plantas vecinas, no modificadas”, indica Aragao, sobre un potencial efecto protector que tendría el frijol modificado sobre los cultivos convencionales vecinos. "Esperamos que los agricultores que producen frijoles convencionales junto con los agricultores de frijoles transgénicos también se beneficien".
En 2004, el equipo de Aragao y Farias desarrolló la primera planta de frijol inmune a BGMV con la estrategia de ARNip. De 24 líneas modificadas en total, dos fueron inmunes, y finalmente se seleccionó la línea “5.1”, llamada así porque deriva del experimento número 5. “Luego comenzamos a hacer las pruebas en invernadero, después de las pruebas de campo, los análisis de bioseguridad y generamos todos los datos necesarios para responder a todas las preguntas de la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (CTNBio)”, dice Aragao.
El equipo de Aragao y Faria demostró que este nuevo frijol transgénico era seguro para el consumo humano, nutricionalmente equivalente y no tenía efectos en el medio ambiente diferentes a los frijoles convencionales. Por ejemplo, se descartaron efectos fuera del objetivo o epigenéticos, y es importante tener en cuenta que el transgén insertado no genera ninguna proteína nueva, sino solo ARN pequeños, que son moléculas muy inestables y se degradan durante el procesamiento de alimentos.
La información recopilada fue presentada a los reguladores de CTNBio en 2010, aprobando su lanzamiento comercial en 2011, un hito histórico ya que fue desarrollado íntegramente por una entidad pública y fue el primer frijol transgénico del mundo. Sin embargo, ¿por qué ha tardado alrededor de una década en llegar al mercado desde esa aprobación?
“Todavía no teníamos cultivares comerciales, y no había sido posible desarrollarlos antes porque -aquí en Brasil- todos los ensayos de campo requieren autorización y además, cada campo debe estar en un área certificada”, dice Aragao sobre el brasileño Sistema regulatorio. “Y para las reglas de generación de datos de una nueva variedad, se debe considerar que Brasil tiene cinco áreas para el frijol, y debemos realizar ensayos en al menos tres zonas, de cada una de las áreas, por dos años”.
Debido a lo engorroso del sistema de certificación, EMBRAPA prefirió esperar el lanzamiento comercial de la línea 5.1 y solo entonces criarla con variedades locales y dotarlas de resistencia a virus. “Después de la aprobación comercial, puede sembrar donde quiera y es muy difícil tener la aprobación para todas las áreas y zonas antes de la aprobación comercial”, agrega Aragao.
Después de más de 31 ensayos de campo que analizaron el desempeño agronómico, en 2015 ya se obtuvieron los primeros cultivares transgénicos de una variedad Pinto -o Carioca- apta para uso comercial. El rendimiento promedio del cultivar modificado fue casi un 20 % superior al de las variedades convencionales, y en áreas con alta incidencia del virus, la rentabilidad de los frijoles transgénicos fue 78 % mayor.
Un dato fascinante que debe destacarse es la inmunidad absoluta que las plantas modificadas han demostrado desde que se obtuvo el evento 5.1. “Las pérdidas de BGMV son cero. Todos los años, desde que comenzamos la siembra experimental y hasta la comercial, nunca observamos una sola planta con el virus, las plantas son totalmente inmunes ”, dice Aragao. Un fuerte contraste con el alto nivel de pérdidas en el frijol convencional que oscila entre el 40 % y el 100 % de las plantas, y el grano restante suele estar deformado o no apto para la venta.
“Con este frijol, la idea es tener una reducción en las aplicaciones de pesticidas. En lugar de hacer 10 o incluso 25 aplicaciones, la idea es hacer solo 3 aplicaciones (para otras plagas). Lo que hicimos fue crear algo más sostenible y seguro para los consumidores”.
Las reglas y regulaciones no fueron el único problema a superar. Desde 2015 había llegado el momento de evaluar la mejor estrategia para llevar el nuevo frijol Pinto transgénico, una variedad que se planta en más de tres millones de hectáreas y representa el 70 % del frijol consumido en el país, a las mesas brasileñas.
“Empezamos a ver cómo lanzarlo, porque para nosotros el frijol no es como la soja, el maíz o el algodón. Primero, es una planta que está en nuestro plato y se consume todos los días. En segundo lugar, es mucho más que un alimento básico, tiene un valor cultural”, enfatiza Aragao. Desde 2015 habían discutido cómo realizar el lanzamiento comercial, que no se realizó hasta el segundo semestre de 2020, luego de la multiplicación de semillas para la primera venta.
¿Cuál ha sido la actitud de agricultores y consumidores? En el caso de los agricultores, aparentemente un éxito. “La venta de semilla ha sido del 100 %. Los productores de semillas no vendieron más porque no tenían más”, dice Aragao entre risas. En cuanto a los consumidores, aún es pronto para evaluarlo, pero considerando que los supermercados llevan años vendiendo muchos productos con etiquetado OGM -porque maíz transgénico o derivados de la soja- Aragao espera que no haya rechazos con el nuevo frijol. “Si vas a la calle y haces una encuesta preguntando a la gente si comerían transgénicos, probablemente el 40-60 % dirá que no, pero en el supermercado lo compran sin ningún problema”, enfatiza.
El hecho de que el frijol Pinto producido en Brasil sea destinado al consumo local exclusivo -a diferencia de otras variedades- facilitó su lanzamiento comercial. “También hemos modificado frijoles negros [del evento 5.1], pero por ahora decidimos no lanzar al mercado, ya que Brasil exporta frijoles negros. Por ejemplo, tenemos feijoada que se exporta enlatada y no queremos tener problemas en otros países”, dice Aragao.
Aragao y su equipo continúan trabajando en mejoras para este frijol brasileño y ya están integrando nuevas tecnologías de edición de genes para darle una mayor tolerancia a la sequía, disminuir los fitatos (componentes antinutricionales) y otorgar resistencia a otros virus importantes del frijol, como el carlavirus.
También menciona un interesante trabajo realizado con un enfoque de OGM en colaboración con el Instituto Tecnológico de Monterrey de México en 2016, logrando aumentar 150 veces el nivel de folato (vitamina B9), un nutriente esencial en el desarrollo fetal y cuya deficiencia en la gestante. la mujer genera bebés con graves problemas congénitos.
Otros proyectos paralelos en los que están trabajando Aragao y su equipo incluyen la lechuga transgénica y las semillas de ricino. “En lechuga estamos trabajando para lograr la resistencia a los virus y un aumento en el nivel de folato. Estamos realizando pruebas de campo y está prácticamente listo, pero aún no tenemos todos los datos de bioseguridad. Queremos lograr la resistencia a dos virus muy importantes en la lechuga, en todo el mundo, y apilarlos junto con el aumento de folato en la misma línea”.
En ricino, buscan eliminar la ricina, un compuesto altamente tóxico de las semillas que hace inviable su uso en la alimentación animal. “La planta de ricino es una planta muy interesante para zonas semiáridas, tiene una tremenda tolerancia a la sequía y los suelos salinos. La idea es utilizar una planta como esta para obtener no solo aceite, sino también una fuente de proteína para los animales”, dice Aragao. "La torta que queda después de la extracción del aceite se usa como fertilizante, pero usarla como proteína para los animales sería un propósito mucho más noble y sostenible".
Hasta ahora no ha habido oposición de activistas y ONG contra el lanzamiento comercial del nuevo frijol transgénico. “Los grupos anti-OGM aquí en Brasil están luchando contra el trigo HB4 argentino, así que al menos se han olvidado del frijol”, dice Aragao. El trigo HB4 que menciona es el primero del mundo en ser aprobado para su lanzamiento comercial en el país vecino, pero estaba condicionado a la aprobación de importación por parte de Brasil, el mayor comprador de trigo argentino.
“Algunos de los (activistas) anti-OGM ahora afirman estar a favor de la ciencia para la vacuna COVID. Aquí vemos un ejemplo de negacionismo científico. Son negacionistas dependiendo de la tecnología y no consideran que algunas de las vacunas modernas sean transgénicos. Afirmar que los transgénicos no son seguros es simplemente negacionismo científico. Todos los datos científicos demuestran que están a salvo”, comenta Aragao.
Otro punto importante es que el frijol transgénico de EMBRAPA desmantela la narrativa clásica contra los transgénicos por motivos de supuestos monopolios o que es una tecnología exclusiva de grandes empresas y países ricos. “Los frijoles transgénicos son importantes para mostrar que esta tecnología no es solo para los grandes agricultores, ya que tenemos muchos pequeños productores de frijoles en Brasil. ¿Por qué solo para la soja, el maíz y el algodón? ¿Por qué solo para los grandes agricultores?" pregunta Aragao.
“Es una tecnología que se puede utilizar para pequeños agricultores y para abordar problemas y cultivos locales. Las grandes empresas no van a invertir en batatas, mandioca, frijoles o cacahuetes. Prefieren invertir en cultivos de grandes superficies que se cultivan en diferentes países. Por eso los países en desarrollo tienen que invertir en sus propios problemas, y por qué no, con tecnologías como esta”, concluye.
En Brasil, se espera que esta solución biotecnológica, fruto del ingenio y esfuerzo del sector público brasileño, sea un ejemplo a seguir por otros países de América Latina, África y Asia. Esta aprobación de frijoles transgénicos es una alternativa preferible a recorrer el camino europeo que ha estado obstaculizando esta tecnología durante más de dos décadas. Seguir el camino brasileño muestra cómo desarrollar soluciones locales a los problemas locales.
Traducción: Cecilia González P.
Publicado: 02 de septiembre de 2021
Fuente: Genetic Literacy Project
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