Dos amigos cruceños unieron la experiencia del campo con tecnología e inteligencia artificial para convertir información ganadera en decisiones de negocio.
Bruno Bocángel y Esteban Siles se conocieron cuando tenían 11 o 12 años. Compartieron aula hasta terminar el colegio y se hicieron grandes amigos. Después, cada uno tomó su camino. Bruno se metió de lleno en el campo; Esteban salió de Bolivia y comenzó una carrera marcada por las operaciones, la eficiencia y, finalmente, los datos. Años después, esos dos caminos volvieron a encontrarse alrededor de una pregunta aparentemente sencilla: ¿Cuánto cuesta realmente producir un kilo de carne?
Bruno es ingeniero agrónomo. Estudió en Brasil y trabaja en la empresa familiar, dedicada principalmente a la recría intensiva de ganado a pasto. Pasó por producción, comercialización, logística y gestión. Conoce el negocio desde el terreno, pero admite una debilidad que terminaría convirtiéndose en oportunidad: le encanta analizar información.
Esteban, de 28 años, es ingeniero industrial graduado de la Universidad de Arkansas. Regresó a Bolivia y trabajó en la empresa familiar antes de trasladarse a Madrid para realizar un MBA. Después pasó por áreas de operaciones y cadenas de suministro en empresas internacionales.
La distancia no rompió la amistad. Desde Bolivia y España comenzaron a discutir cómo combinar sus experiencias. Primero pensaron en brindar consultoría a productores, pero la distancia complicaba el modelo. El avance de la inteligencia artificial abrió otra posibilidad: construyeron un producto mínimo viable, lo probaron y la respuesta los animó a seguir. Así nació Potrero.
La idea partió de una necesidad que Bruno encontraba todos los días. Quería reunir en un solo lugar la información productiva y económica para entender qué ocurría y tomar mejores decisiones. “Siempre soñé con tener un lugar donde de manera integral pueda tener la mayor cantidad de datos”, explica.
Detrás apareció una conclusión que desafía una idea arraigada. “Muchas veces creemos que producir más es ganar más”, señala Bruno. Una estancia puede aumentar su producción y también elevar sus costos hasta deteriorar la rentabilidad. Para él, el campo es “una fábrica inmensa de información”; el desafío es convertirla en datos que muestren dónde se gana y dónde se pierde dinero.
Sin esa información, un productor puede vender animales y recibir dinero sin saber necesariamente si el negocio es rentable. Puede desconocer cuál fue la tropa más eficiente, dónde gasta demasiado, si conviene suplementar, hasta qué peso llevar los animales o cuánto pagar por una reposición.
Del potrero al celular
Potrero intenta ordenar ese universo. La plataforma integra módulos de producción de carne, gestión económica, potreros, lluvias e insumos. Permite analizar gastos, realizar proyecciones, seguir la capacidad de carga y administrar productos sanitarios, nutricionales, repuestos y combustible.
La inteligencia artificial empieza a ocupar un lugar central. Una herramienta integrada con WhatsApp permite consultar información registrada y está en desarrollo la posibilidad de realizar operaciones desde el chat: reportar un nacimiento, una baja, una compra de diésel o una venta.
Otro desarrollo es el Radar de Mercado. Los usuarios podrán compartir voluntariamente precios de compra y venta de animales e insumos. Bruno explica que hoy muchas referencias se obtienen preguntando al vecino, a un amigo o en grupos de WhatsApp. Potrero busca convertir esa información dispersa en datos que ayuden a negociar.
De Santa Cruz hacia afuera
El desafío también es cultural. Bocángel reconoce que resulta difícil convencer a quien no quiere revisar dónde se va su dinero o cambiar su forma de administrar. Por eso define a su cliente ideal como el ganadero que reconoce un problema y quiere solucionarlo.
Potrero nació mirando la realidad boliviana, pero sus creadores quieren consolidarse primero en Santa Cruz y el país para luego explorar otros mercados. También proyectan llevar la plataforma a la agricultura e incorporar Internet de las Cosas (IoT), con sensores y dispositivos conectados al campo. La idea, explica Bruno, es unir gestión, producción y tecnología.
El proyecto vuelve así al punto de partida: la rentabilidad. Para Bocángel, producir kilos y conocer sus costos deben ir de la mano, pero saber cuánto cuesta cada kilo es más importante que simplemente producir más. Esa información permite decidir dónde invertir: nutrición, infraestructura, genética u otras áreas.
Después de años recorriendo caminos distintos, dos amigos de colegio volvieron a encontrarse entre un potrero y una pantalla. Uno llevó el problema del campo; el otro, la mirada de los procesos y los datos. Ahora intentan demostrar que la ganadería seguirá produciendo carne, pero deberá aprender también a producir información. El objetivo, resume Bruno, es construir “empresas ganaderas que sean rentables y sostenibles”.
Publicado: 20 de agosto de 2026
Fuente: El Deber
Atrás