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HISTORIAS INSPIRADORAS

Un nuevo estudio desafía las creencias sobre la agricultura orgánica

Un nuevo estudio desafía las creencias sobre la agricultura orgánica

La agricultura orgánica no es tan buena para el medio ambiente como se cree comúnmente, según un nuevo estudio científico que revisa múltiples líneas de evidencia durante más de dos décadas.



Por Mark Lynas

El estudio, realizado por los investigadores alemanes Eva-Marie Meemken y Matin Qaim de la Universidad de Goettingen y publicado en la revista Annual Review of Resource Economics, desafía muchas creencias que han ayudado a la industria de alimentos orgánicos a crecer en un mercado global de $82 mil millones.

Sin embargo, Meemken y Qaim también aclaran que la evidencia científica muestra que lo orgánico es mejor en algunas situaciones específicas, y que la mejor estrategia en general puede ser combinar enfoques convencionales y orgánicos.

En general, el estudio concluye que si bien la agricultura orgánica es más amigable con el ambiente por unidad de tierra que los enfoques convencionales, no es mejor para el medio ambiente cuando se evalúa en términos de unidades de producción.

Esto se debe a que la agricultura orgánica generalmente tiene rendimientos más bajos, entre un 19-25%, en promedio, aunque la imagen es complicada entre diferentes cultivos y lugares.

La menor eficiencia en el uso de la tierra de los sistemas orgánicos significa que "la conversión de una producción a gran escala, a una orgánica, probablemente requeriría traer hábitats más naturales a la producción agrícola", con un impacto potencialmente severo en la biodiversidad global debido a la pérdida de bosques y otras áreas actualmente silvestres.

Aunque las granjas orgánicas tienden a tener menores aportes de nitrógeno y un mejor secuestro de carbono, un mayor uso de combustible y abonos animales contrarresta este efecto, concluyen Meemken y Qaim.

"En general, la evidencia no respalda la noción generalizada de que la agricultura orgánica es más amigable con el clima que la agricultura convencional", escriben.

La lixiviación de nutrientes, que conduce a la eutrofización y las zonas muertas en lagos, ríos y mares costeros, se reconoce como un grave problema agrícola y, a menudo, se atribuye únicamente al uso de fertilizantes sintéticos.

"La agricultura ecológica no es el paradigma de la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria"

Sin embargo, al igual que con la biodiversidad y el clima, "la lixiviación bajo gestión orgánica resultó ser menor por unidad de tierra pero no por unidad de producción". Esto se debe a que los sistemas orgánicos dependen en gran medida de abonos animales, que también filtran nitrógeno y fósforo en corrientes y ríos.

Sin embargo, las noticias no son del todo malas para lo orgánico. Debido a que las prácticas orgánicas enfatizan la aplicación de materia orgánica (abonos verdes o animales) y rotaciones de cultivos más diversas, "los campos manejados orgánicamente tienen mayores contenidos de materia orgánica y comunidades microbianas del suelo más grandes y más activas", concluyeron los investigadores.

Además, debido a que los plaguicidas sintéticos están prohibidos en la agricultura orgánica, "el riesgo de contaminación por plaguicidas en las masas de agua es menor", afirman Meemken y Qaim. Sin embargo, los pesticidas no sintéticos, como el sulfato de cobre para el control de enfermedades fúngicas de las plantas, se utilizan en la agricultura orgánica y también pueden tener un impacto negativo en la vida acuática.

En general, sugieren los investigadores, que la agricultura orgánica puede ser más adecuada para abordar problemas ambientales locales específicos, como la degradación del suelo, que los problemas globales como el cambio en el uso de la tierra y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Meemken y Qaim también revisaron los impactos económicos de la agricultura convencional versus la orgánica. Para los países en desarrollo, la agricultura orgánica puede poner en peligro la seguridad alimentaria, porque el aumento de los precios de los alimentos tiene un impacto desproporcionado en los pobres.

Además, "la agricultura orgánica es típicamente más intensiva en mano de obra, ya que se necesita mano de obra para desherbar, aplicar fertilizantes orgánicos y otras operaciones", que puede depender del trabajo familiar no remunerado. También puede afectar negativamente a las mujeres, que a menudo llevan a cabo la mayor parte del trabajo manual en las pequeñas granjas.

Los investigadores también señalan que "la mayoría de los agricultores orgánicos en los países en desarrollo hasta ahora producen cultivos comerciales para el mercado de exportación", por lo que sus resultados no deben extrapolarse a la producción de cultivos alimentarios para el consumo interno.

Esto se debe a que, aunque algunos "consumidores de altos ingresos en los países en desarrollo desean y pueden pagar más por los alimentos orgánicos, muchos consumidores nacionales son pobres y no pueden pagar primas de precios significativas".

Los consumidores en los países ricos pagan altas primas por los alimentos producidos bajo esquemas de certificación orgánica, mientras que las políticas gubernamentales en algunos países desarrollados promueven métodos orgánicos tanto con subsidios como con otros esquemas de apoyo.

Si bien la industria minorista orgánica mundial alcanzó los $ 82 mil millones en 2015 y ha experimentado un rápido crecimiento en las últimas décadas, la agricultura orgánica en general solo representa el 1 % de la tierra agrícola total en todo el mundo.

Los investigadores concluyen que si bien "la agricultura ecológica no es el paradigma de la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria" como se promueve a menudo en los países ricos, esto "no significa que los métodos orgánicos no puedan ser útiles en situaciones específicas".

Advierten, sin embargo, que si bien una "integración inteligente de ambos tipos de agricultura" podría ser deseable en general, "las barreras ideológicas entre los que apoyan y los que se oponen a la agricultura orgánica deben superarse para allanar el camino hacia el desarrollo y la implementación de formas más sostenibles".

Meemken y Qaim declaran no tener intereses en conflicto en su trabajo. Su investigación fue apoyada por la Fundación de Investigación Alemana, que está financiada por los gobiernos federales y estatales alemanes.


Traducción Cecilia González P.

Publicado: 12 de abril de 2018

Fuente: Alliance For Science

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